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El Dios de paz (Filipenses 4)

  • 26 sept 2016
  • 4 Min. de lectura

Al principio del capítulo 4 de la carta a los Filipenses, el apóstol nos llama dos veces a regocijarnos. Los versículos siguientes muestran como la paz de Dios, su presencia y nuestras ofrendas son parte de ese regocijo.


Dios nos llama a no estar afanosos por nada; en vez de ello, debemos presentar nuestras peticiones a Dios cumpliendo estas 3 cosas:

  1. Estar en oración.

  2. Rogar por ellas.

  3. Hacerlo en acción de gracias.

Si bien el v. 6 es conocido, debemos reflexionar sobre los 3 puntos arriba mencionados.

¿Presento mis peticiones en oración? En general podemos creer que sí lo hacemos, pero muchas veces corremos el riesgo de hacerlo en un “diálogo mental”, lo que es muy distinto a presentarlas delante de Dios. Nuestro llamado es a ir donde él con la actitud correcta

¿Clamo por mis peticiones? Quizás nos hemos visto más cercanos a clamar por nuestras peticiones cuando estamos en medio de una aflicción o un momento de crisis en nuestras vidas. Dios nos llama a clamar por ellas, no maquillar nuestra necesidad de piedad, sino a clamar profundamente por ellas. Dios está atento a escucharnos y a atender nuestra causa.

¿Oro por mis necesidades con acción de gracias? Puede que este sea uno de los puntos que más nos cueste como cristianos. ¿Cuántas veces presentamos nuestras necesidades y le agradecemos al mismo tiempo? Parece contradictorio, pero es necesario reflexionar al respecto: ¿estamos realmente agradecidos con Dios cuando oramos por nuestras necesidades?


Sin embargo, el versículo 7 muestra que si hacemos presentamos nuestras peticiones en actitud de oración, clamamos por ellas y lo hacemos con acción de gracias, el traerá esa paz que viene directamente de Él, la paz que sobrepasa todo entendimiento. Su paz va mucho más allá de lo que nosotros podemos llegar a entender, pero podemos disfrutar de ella, ya que Dios lo promete, y nuestra mayor certeza son las promesas que encontramos en Su Palabra.


En síntesis:

Si yo presento mis necesidades en actitud de oración, recibiré de Dios su paz sobrenatural.

Si yo clamo por mis necesidades, Él guardará mi corazón.

Si yo lo hago en acción de gracias, Él guardará mis pensamientos.


En la vida diaria, a pesar de ser cristianos, podemos dejarnos agobiar por nuestras necesidades y afanes. Sin embargo debemos meditar si estamos experimentando la paz de Dios, porque si no lo estamos haciendo, es muestra directa de que hemos dejado de presentarle nuestras necesidades, clamar por ellas y hacerlo en gratitud. La pregunta es: “¿estoy experimentando la paz de Dios?”


Un “test de la paz”

Una muestra de ausencia de paz es que nuestra mente no deja de darle vuelta a pensamientos afanosos ni siquiera al momento de dormir. Si en el versículo 7 Dios promete que no tan solo nos dará paz, sino que también guardará nuestros pensamientos, significa que podremos dormir confiados y descansar.


Puede ser útil hacer el ejercicio inverso:

  • ¿Estoy experimentando la paz de Dios?

  • ¿Mi corazón está siendo guardado?

  • ¿Mis pensamientos están siendo guardados en Dios?

Si no experimento esto, es porque no estoy orando de la forma que Dios nos manda en el versículo 6. Debemos esmerarnos en que, mediante el Espíritu Santo, presentemos nuestras necesidades a Dios en oración, clamando y con acción de gracias.


Más allá de la paz, al Dios de paz

Pero Dios nos lleva más allá. En los versículo 8 y 9 muestra los pensamientos y las acciones, que harán que “El Dios de paz” esté con nosotros (su paz y su presencia). Ya no es únicamente recibir su paz, lo cual ya es bastante, sino que Él mismo estará con nosotros. Tener la paz de Dios es un hermoso regalo, pero podemos disfrutar de Dios mismo, Quien es la fuente de la paz. En la vida cristiana se nos motiva no tan solo a buscar la mano de Dios (Sus bendiciones), sino a buscar Su rostro, buscarlo más allá de lo que nos pueda dar, buscarlo para estar con Él.


¿Cómo podemos hacer esto? Pablo nos lleva a que nuestros pensamientos sean filtrados por un listado de cualidades:

  1. Lo verdadero. Habla de lo veraz, lo ético.

  2. Lo honesto. Todo lo noble, lo digno de respeto.

  3. Lo justo. La justicia de Dios.

  4. Lo puro. Santo en relación a Dios.

  5. Lo amable. En la NTV lo presenta como “bello”, atractivo a sus ojos.

  6. Lo de buen nombre. Que sea digno de alabar.

  7. Virtud. Excelencia moral, sin pecado.

  8. Digno de alabanza. Que exalte a Dios.

Estos pensamientos incentivan la presencia de Dios en nuestra vida. Como hemos visto, presentar nuestras peticiones es una acción puntual, y nos traerá la paz de Dios, guardará nuestro corazón y pensamientos. Pero lo que nosotros decidamos pensar en nuestro día a día (de continuo) puede incentivar a la presencia de Dios; nos puede incentivar a estar con Él. Ya no es tan solo pensar cómo estoy presentando mis necesidades, sino examinar lo que pienso día a día. ¿Son cosas dignas de alabanza? ¿Son puras? ¿Son pensamientos justos? ¿Demuestran la santidad de Dios?


Un llamado a la ofrenda

En los versículos siguientes Pablo muestra cómo las ofrendas de la Iglesia son una bendición. Pero no para Pablo, él ya había aprendido a contentarse y depender de Dios tanto en abundancia como en escasez, sino que son una bendición para la Iglesia misma que ofrenda. Cuando Pablo dice que “abunde en vuestra cuenta” nos muestra que nuestras ofrendas son de olor grato a Dios, y además genera una ganancia para nosotros mismos (tanto espiritual como material).


Esquema de Filipenses capítulo 4:

1. Regocijarse en Dios.

2. Cómo presentar nuestras peticiones para recibir la paz de Dios.

3. En qué pensar para vivir con la presencia de Dios.

4. Las ofrendas genuinas son aumentadores de los frutos y riquezas de Dios para nuestra vida.

 
 
 

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© 2016 por Cenlimi Vitacura

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